El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Los castigaremos a todos, hijo mÃo —dijo el maestro.
—Pero ¿de qué modo, si nos tienen encerrados?
—Nos escaparemos.
—¿Por dónde?
—No lo sé, pero nos escaparemos, yo te lo aseguro.
—Es necesario evadirse, sÃ, hay que salir de aquà a toda costa antes de que el hambre nos deje sin fuerzas.
—A la obra, hijo mÃa; Ahora estamos fuertes y no del todo desarmados.
—¿Qué debemos hacer?
—Ante todo barricar la puerta —dijo el maestro—. Hay que evitar que nos sorprendan en el apogeo de nuestro trabajo.
Por fortuna en la habitación habÃa diversos muebles pasados, una especie de librerÃa, dos grandes mesas, una pesada arca y diversas butacas y sillas. Los dos marineros, reuniendo sus fuerzas, amontonaron todos aquellos muebles contra la puerta, formando una barricada capaz de desafiar el choque más potente y dé oponer una larga resistencia a las balas de fusil y de revólver.
—Ahora —dijo el maestro cuando hubieron terminado—, estudiemos nuestra prisión.
—¡Oh, marinero! ¡Vamos a ser libres! —exclamó Cardoso.