El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¿Te has vuelto loco, hijo mío?
—Mira aquí.
—¡Una chimenea!
—Acaso podamos salir por aquí. Busquemos, marinero.
Tomaron una bujía y se acercaron a la chimenea que ocupaba la pared de enfrente de la, puerta de entrada. Cardoso examinó el cañón y lo encontró bastante ancho para permitir él paso de un hombre de corpulencia ordinaria.
—Estamos salvados —dijo.
—¡Dios sea loado! —exclamó el maestro—. ¿Será muy alto el cañón?
—Tres metros apenas.
—No perdamos tiempo entonces.
—¿Pero el tejado será alto?
—La casa me parece más bien baja y además la rodea un canalillo lleno de agua.
—Es verdad, y en caso desesperado saltaremos al canalillo, que me parece bastante profundo.
—¿Subimos?
—Ayúdame y subiré yo.