El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¿Qué pasa?
—¡Mira allà abajo…, hijo mÃo! —exclamó el marinero con voz tremola.
—¡Una luz!
—¡SÃ, una luz!
—¡Estamos salvados!
El marinero no se equivocaba. A través de las tinieblas y a gran distancia, hacia el horizonte, brillaba un punto rojizo que no debÃa ser una estrella porque parecÃa estar a flor de agua. ¿Era un fuego encendido en tierra, o mejor, el fanal de una nave? Lo uno o lo otro, para los desgraciados aeronautas representaba la salvación.
—¡Pronto! ¡Las señales! —exclamó Cardoso.
—¡SÃ, sÃ, señales! —respondió el maestro, que parecÃa alborotado por aquel inesperado descubrimiento—. Dame una carabina.
Cardoso tomó el arma que habÃa sido recargada y se la dio. El marinero hizo fuego en la dirección del punto luminoso.
Al estampido que se propagó lÃmpidamente a gran distancia el agente del gobierno se despertó.
—¿Qué pasa? —preguntó con su acostumbrada media voz.
—Hay un barco o una tierra a la vista —respondió Cardoso.
—Dame la otra carabina —dijo el maestro.