En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¿Será un inglés?
—Cualquiera sea su nacionalidad, iremos a conocerle, mi buen Durga. No dejemos a esos feroces candianos que degüellen la tripulación.
El «Bangalore» habÃa rebasado la curva y avanzaba a fuerza de remos por haber cesado el viento.
Su presencia, en un principio, no pareció despertar ninguna sospecha entre los asaltantes, que creÃan en, la llegada de algún refuerzo, pero pronto salieron de su error al ver a los indios que abandonaban los remos y empuñaban las armas, mientras en la popa del velero ondeaba una bandera que no conocÃan.
Los salvajes prorrumpieron, en un terrible aullido de guerra, semejante al producido por un millar de chacales, y blandiendo los cuchillos, los sables de hoja en forma de lanza, los venablos, las pesadas mazas de madera y las flechas, y rota la lÃnea se lanzaron hacia el «Bangalore» creyendo tomarlo en un abrir y cerrar de ojos.
Su ilusión duró lo que la luz de un relámpago. El rey de los pescadores se habÃa levantado con la carabina en la mano, gritando:
—¡Fuego a las espingardas! ¡Paso!