En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas El fuego de los indios era imponente, pero aun asà no bastaban las espingardas a abrir paso a la nave.
El mismo Amali comenzaba a mostrarse preocupado por el feo cariz que iba tomando el combate.
—¿Acabamos, o estamos para acabar? —preguntó el francés, mirando al rey de los pescadores de perlas.
—No os ocultaré que corremos grave peligro.
—¿Tenéis barriles de pólvora en el sollado?
—Media docena.
—Pongámosles una mecha y volemos juntamente con los sitiadores.
—Tened calma, caballero —exclamó Amali mirándole con viva admiración—. No hemos llegado aún a tal extremo y espero aún dar cuenta de esos bandidos.
—Estamos envueltos.
—Cuento con el abordaje.
—Nos van a pasar a cuchillo.
—No tan pronto. ¿No veis?