En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —La pasión de la caza es la que me ha conducido a estas playas. Después de haber recorrido casi toda la India, haciendo estragos de tigres, rinocerontes, panteras, búfalos, chacales, tuve el capricho de venir a cazar en las selvas de Ceilán, donde me dijeron que a las fieras se las hallaba en abundancia. Compré una pinaza, tomé a sueldo a cinco indios del Coromandel y me dirigí a estas playas. Descubierto por casualidad el canal y viendo que se prolongaba entre tierra y entre espesos bosques, lo seguí sin saber adónde conducía y a qué peligros me expusiese. Después de haber cazado toda la noche, me disponía esta mañana a descansar cuando me cayeron encima todos aquellos salvajes, que evidentemente habían decidido saquear mi pinaza y apoderarse sobre todo de mis armas de fuego. Di a mis hombres orden de volver al mar, y la barca no se movía. La marea baja la había dejado en seco sobre un banco. Os aseguro que vi la cosa muy fea. Sin vuestra intervención y vuestro valor, ya no estaría vivo, porque tenía resuelto volar por los aires antes que caer en manos de aquella gente feroz.
—¿Sois un francés de Pondichery?
—Lo habéis adivinado.
—¿Volveréis pronto a la India?