En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Jamás Juan Baret —replicó Amali con indómita firmeza—. Estoy resuelto a reconquistar el trono de mis antepasados. La pérdida de su Estado será el castigo del asesino. No soy ambicioso, y además, ¿no tengo poder suficiente y riquezas, si no iguales, no muy inferiores a las que posee el maharajá? Todos los pescadores de perlas que me han reconocido por su caudillo me obedecen y si yo quisiera podrÃa lanzar sobre las tierras de Yafnapatam veinte mil hombres decididos a todo y bien armados.
—Entonces, ¿por qué no lo haces?
—Os he dicho que el maharajá tiene a mi sobrino en sus manos. Al primer movimiento que yo hiciera, aquel miserable asesinarÃa inexorablemente al hijo de su vÃctima. Cuando haya puesto en seguridad al niño, estallará la guerra en estas playas.
—¿Qué intenciones lleváis? ¿Qué queréis hacer para rescatarlo?
—Presentarme a mi enemigo e intimarle a que me lo devuelva, en canje con Mysora.
—¿Y perderéis la mujer que amáis?
—Por poco tiempo, porque invadiré Yafnapatam a la cabeza de mis pescadores de perlas y me apoderaré de ella, al mismo tiempo que de la corona.
—¿Queréis que os dé mi opinión? —preguntó Juan Baret.
—Decid.