En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —En vuestro lugar, no aventurarÃa yo una carta tan peligrosa. El maharajá serÃa capaz de apoderarse de vos y haceros sufrir igual fin que a vuestro hermano.
—Mysora responderÃa de mi libertad y de mi vida.
—¡Hum! Aquel tirano, mi querido Amali, sacrificarÃa sin vacilar a su hermana para asegurarse en el trono y enviar al otro mundo a un enemigo tan poderoso como vos. No, no cometáis tal torpeza. Vuestros hombres, no lo dudo, al saber vuestra muerte, matarÃan a Mysora, pero vos no por eso volverÃais al mundo de los vivos, y entonces, adiós venganzas, adiós corona y buenas noches a vuestros abuelos, que esperan que un descendiente suyo reconquiste el trono que les fue arrebatado.
—¡Mysora muerta! —exclamó Amali con espanto.
—Y todo lo demás perdido —añadió el francés—. Id a fiaros de ese maharajá. No pondrÃa en sus manos ni siquiera la punta de mi dedo meñique.
—Pues, ¿qué harÃais en mi lugar?
—¿Vuestros hombres son de confianza?
—Fieles a toda prueba.
—¿Incapaces de advertir al maharajá de vuestra presencia en estos lugares?
—De todo punto incapaces. Respondo de todos ellos como de mà mismo.
—¿No tenéis ningún amigo en la corte?