En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —SÃ, uno, que me tiene jurado que ha de vengar a mi hermano.
—¿Quién es?
—Binda, el capitán de los guardias del maharajá.
—Un pez gordo —dijo el francés—. Perfectamente; os será de mucha ayuda. ¿Son conocidos vuestros hombres en Yafnapatam?
—Ninguno lo es.
—Enviad uno a vuestro amigo para advertirle que os encontráis aquà en espera del momento oportuno para arrebatarle el niño al maharajá. Si es astuto, ya imaginará la manera cómo podrá efectuarse el rapto. Una vez en vuestro poder el rehén, lo ponéis en salvo en vuestras rocas, y enseguida hacemos la guerra y destronamos al tirano. Pero, se me ocurre una idea; yo mismo podrÃa ir a Yafnapatam.
—¡Vos! —exclamó Amali.
—¿Por qué no? Soy un europeo, y por lo tanto nada tengo que temer, soy cazador, y puedo haber ido allá para cazar algunas fieras, aparte de lo cual no creo ser ningún tonto. ¿Queréis confiarme esta empresa? ¡Pardiez! La aventura me gusta.
—¿Y vuestra cabeza?
—Me parece que está bien prendida al cuello —respondió Juan Baret.