En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Si el maharajá penetrase en el fondo de nuestras intenciones, no os la dejarÃa mucho tiempo sobre los hombros.
—No es ningún zahorà para adivinarlas. ¿Tenéis algún hombre fiel y valeroso que conozca a vuestro amigo?
—Mi segundo, Durga.
—¿No le reconocerán en Yafnapatam?
—Hace diez años que no ha puesto los pies en aquella ciudad.
—Aun asÃ, le disfrazaremos —dijo Juan Baret—. Mi querido rey de los pescadores de perlas, voy a hacer mis preparativos porque cuento, esta tarde, con entrar en Yafnapatam y ver esta noche a vuestro amigo.
—¿Tan pronto?
—Yo soy asÃ. Cuando he tomado una resolución voy derecho al fin sin pérdida de tiempo.
—Os repito que os exponéis a un peligro gravÃsimo; que vuestra vida, penderá de un hilo.
—Aunque esta mañana parecÃa perdida, Dios misericordioso os ha enviado a vos para salvármela aún.
—Si salÃs bien la demanda, la mitad de mis riquezas os pertenecen, Juan Baret.
—No sabrÃa qué hacer con ellas —respondió el francés—. Guardad vuestro dinero para la guerra, amigo. Pensad en disfrazad a vuestro amigo; voy a preparar las armas.