En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¡Qué cerca los tenÃamos! —exclamó el francés estremeciéndose—. Si seguimos avanzando más, por poco caemos en medio de la manada. ¿Vamos a estarnos mucho tiempo aquÃ? SentirÃa llegar a Yafnapatam demasiado tarde.
—De ordinario sus descansos son cortos —respondió Durga—. Como necesitan una enorme cantidad de alimento, siempre están en movimiento para buscar frutas y hojas tiernas.
—Sà estuviesen aquà Amali y sus hombres, magnÃfica ocasión para matar unos cuantos.
—Otros hay que se encargan de ello, señor.
—¿Quiénes?
—Veo a dos hombres que acechan a los elefantes.
—¿Y qué hacen?
—Son del oficio.
—También lo somos nosotros, y tenemos armas de fuego.
—Pero no tenemos ningún caballo.
—De poco nos servirÃa.
—Al contrario, estad atento se preparan para atacar a los elefantes.
—¿Dónde están?
—Escondidos detrás de aquellas palmeras.
—Ya los veo —dijo el francés.