En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Los dos cingaleses también lo estarán.
—Creo lo contrario.
—Veremos qué hacen esos locos.
Los dos cazadores se habÃan detenido, y el que guiaba el caballo habÃa pegado fuego al cohete acercándole la mecha.
De pronto atravesó el claro un rastro de fuego y estalló con fragor en medio de los elefantes, que se precipitaron a derecha e izquierda barritando espantosamente y huyendo locos de terror.
Solamente uno habÃa permanecido firme, como atontado.
De pronto se lanzó el caballo, mientras el que lo guiaba gritaba a voz en cuello:
—Me llamo Sciami; mira mi caballo, que se llama «Kisso», y he matado a tu padre en el rÃo Mara y a tu cachorro en este bosque. Ahora vengo a matarte a ti, porque comparado con tu padre no eres más que un asno.
Los cazadores de elefantes creen de buena fe que los elefantes comprenden aquellos insultos, porque los ven de pronto enfurecerse.
Asà que Sciami hubo pronunciado aquellas palabras, el caballo, guiado con maestrÃa incomparable, se puso a correr vertiginosamente alrededor del elefante que habÃa quedado aislado de la manada.