En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas »Y en efecto, poco después apareció. Nunca olvidaré aquel momento. Había cazado otros tigres, pero nunca había visto uno tan soberbio. Era de gran talla, lleno de valor y ferocidad, y debía oponer una tenaz resistencia.
»Cuando apareció, le encerramos entre la jungla y las plantaciones de añil, en una especie de plazoleta desde donde podían divisarse varios pueblos.
»De haber querido, hubiera podido huir, pues nosotros no podíamos, sin causar graves perjuicios a los plantíos, lanzar los elefantes, los perros y a nuestros hombres entre el añil, llegando entonces a la madurez. Prefirió, por el contrario, hacernos cara.
»Fue un momento conmovedor para todos. La fiera estaba tiesa delante de nosotros, azotándose los flancos con la cola, lanzándonos miradas terribles y rugiendo roncamente. Luego, en el instante en que los elefantes se disponían a estrecharle presentando sus colmillos formidables y altas las trompas, se levantó, y de un prodigioso salto vino a caer a treinta pasos de nuestra línea, poniendo en fuga a los ojeadores, los cazadores y los perros.
»Mi caballo, espantado, había retrocedido, resoplando y estremeciéndose con todo su cuerpo.