En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Al cabo de dos horas volvÃan a entrar en los bosques, donde se veÃan senderos por los cuales discurrÃan, hombres y bueyes.
—No debemos estar lejos de la ciudad —dijo Durga.
—La veo —respondió el francés, que se habÃa subido sobre un árbol derribado en tierra—. Está frente a nosotros. Mira las cúpulas de sus pagodas que brillan al sol.
—¡SÃ, sÃ, Yafnapatam! —exclamó Durga, que se le habÃa reunido.
Partieron a paso de carga y, atravesando el bosque, llegaron a una vasta llanura en medio de la cual se elevaba la ciudad.