En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas EN la época en que se desarrolla esta historia, Yafnapatam era aún una de las ciudades más notables de la costa occidental de la opulenta isla de Ceilán.
No era muy populosa, aunque ocupaba una vasta superficie y contenÃa hermosos edificios, gran número de pagodas consagradas a Buda, el dios de los cingaleses, grandiosos palacios de mármol y robustos baluartes de mortero y piedra, defendidas por gruesas espingardas y protegidos por fosos llenos de agua.
DistinguÃase sobre todo por su magnificencia el palacio del maharajá, colosal edificio con cúpulas, terrazas, galerÃas alminares y patios tan espaciosos, que podÃan maniobrar dentro algunos miles de soldados.
Juan Baret y Durga atravesaron uno de los puentes levadizos y penetraron en la ciudad sin hallar oposición, antes bien, fueron respetuosamente saludados por los guerreros y guardias de las puertas, porque en aquel tiempo el europeo ejercÃa un profundo prestigio en los isleños.
El segundo de Amali, que conocÃa la ciudad, condujo a su compañero por algunas calles poco frecuentadas, para no despertar la curiosidad de la población, y al cabo de media hora llegaban delante de un palazuelo de buen aspecto, todo de mármol blanco, con el techo piramidal y vastas galerÃas cubiertas por esteras pintadas.
—¿Vive ahà el capitán? —dijo a Durga.
