En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¿Queréis verle enseguida?
—Si no tienes ningún inconveniente.
—Muy pocos se ofrecen, y aparte de eso un hombre blanco siempre tiene acceso a todas las casas.
—Veamos antes a quiénes tenemos que dirigirnos.
—Cuando el centinela está delante de la puerta quiere decir que Binda ha vuelto del palacio del maharajá.
—Vamos, pues, a verle.
Durga asumió el aspecto de un personaje importante y ordenó al centinela que fuese a advertir a su amo que un europeo deseaba verle, teniendo que comunicarle noticias urgentes.
El soldado, dejando la lanza, entró en el palazuelo, y golpeó en una placa de cobre que estaba colgada de una pared.
—¿Nos recibirá? —preguntó el francés, que se sentÃa un tanto inquieto.
—No se atreverá a inferir un desaire a un hombre blanco, y luego, bastará que le diga mi nombre al centinela. Binda no debe haberlo olvidado, creo yo.
Rabian transcurrido apenas dos minutos, cuando se presentaron cuatro criados en, la escalinata, rogando al europeo que les siguiese para presentarse ante su amo.
—Vamos —dijo Juan Baret.