En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Embarcáronse corriendo, cogieron los remos y se alejaron rápidamente, dirigiéndose hacia la isla. Amali y el francés habÃan requerido las carabinas, rompiendo un fuego vivÃsimo.
También tiraban los cingaleses y su número aumentaba a cada momento. LlovÃan balas en torno de la barca.
En aquel instante una bala, mejor dirigida, horadó la tabla de la chalupa, abriendo un boquete por donde comenzó a entrar agua. Otros dos proyectiles abrieron nuevos boquetes.
—Patrón —dijo Durga—, hacemos agua.
—Dirige la barca hacia la orilla que se extiende a la otra parte del pantano —respondió el rey de los pescadores de perlas haciendo fuego sin descanso—. Nos salvaremos en los bosques.
—¿Y el «Bangalore»? —preguntó el francés.
—Está haciéndose a la vela —respondió Amali—. No podrá hallarse aquà antes de media hora.
—La barca se hunde.
—Tomaremos tierra en la orilla.
La barca avanzaba a trompicones, bajo el empuje de los cuatro remos, dirigiéndose hacia la orilla más próxima, separada del pantano por un ancho y profundo canal que los cingaleses no podÃan atravesar, por estar infestado de cocodrilos.