En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Y la vengaremos, Maduri, te lo juro.
—¿De qué modo, tÃo? También yo quiero vengarla —dijo el rapaz con energÃa.
—Pues la vengarás, el dÃa aquel en que reduzca a polvo al maharajá.
—Y a Mysora, ¿no le harás nada?
—No, porque se ha portado bien contigo.
—Empieza la jungla —dijo el capitán—. Preparad las carabinas; aquà hay fieras.
—Está con nosotros Juan Baret —dijo Amali.
—Es famoso cazador, patrón —añadió Durga—. Le he visto puesto a prueba, y el mismo maharajá se entusiasmó con él.
—Si pudiese tenerme en su mano, su entusiasmo no me salvarÃa lamente —dijo el francés.
—Aún no os ha cogido —dijo Amali.
—Y deseo que no llegue jamás este momento, aunque esté convencido de que le salvé la vida.
—Silencio —dijo el capitán—. Procuremos pasar inadvertidos.
La jungla era aún más espesa que el bosque, erizada de cañas espinosas altÃsimas que apenas permitÃan el paso.
En medio de aquella vegetación oÃanse misteriosos rumores que ora aumentaban, ora cesaban bruscamente, a medida que el grupo avanzaba.