En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas VeÃanse también saltar de improviso algunas sombras entre las caña y desaparecer luego rápidamente.
Caminaban desde hacÃa un rato, fatigándose no poco para abrirse pasa cuando el capitán, hizo señal a Amali, que le seguÃa de cerca, que se detuviesen.
—¿Qué sucede? —preguntó en voz baja el rey de los pescadores de perlas.
—Alguien avanza.
—Serán ciervos o jabalÃes.
—No, debe ser un animal mayor. Ocultémonos y dejémosle pasar.
Todos se arrodillaron entre las cañas, que en aquel lugar eran altÃsimas, y permanecieron en silencio, con el dedo en el gatillo de la carabina.
Un animal trataba de abrirse camino entre la vegetación; se oÃa resoplar, mugir y sacudir vigorosamente los bambúes, que se retorcÃan a derecha e izquierda, chirriando.
—¿Qué será? —preguntó Juan Baret a Amali, que estaba cerca de él.
—Creo que debe ser algún rinoceronte —dijo el rey de los pescadores de perlas.
—Fea bestia. —Y peligrosa.
—¿La dejaremos que se vaya?
—SÃ, si no advierte nuestra presencia. Al hacer fuego, revelarÃamos a los cingaleses nuestra posición.