En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¿Habéis oÃdo? —preguntó Amali.
—Sà —contestó el francés palideciendo—; es un perro que olfatea.
—Una caza con dos piernas.
—SÃ; nosotros.
—Ya veis que mi oÃdo no me habÃa engañado.
—Debe hallarse muy lejos.
—No ha llegado aún a la jungla.
—¿Le seguirán los cingaleses?
—Podéis estar seguro de que sà —respondió Amali.
—Entonces, ni aquà estamos seguros.
—No, Juan.
—Vamos a tener que emprender la fuga.
—Aguardaremos antes de abandonar este refugio. Los perros cazan mal en la jungla y ese perro podrÃa perder nuestra pista en estos terrenos húmedos y obstruidos de hierbas.
—Quisiera encontrarme a bordo del «Bangalore».
—Mañana, si vemos que los cingaleses se han alejado, nos dirigiremos hacÃa la laguna e iremos a buscarlo.
—¿Y si el maharajá lo descubre?
—Mis hombres tienen espingardas y se defenderán vigorosamente. No abrigo ningún, temor por ellos y luego, pueden alejarse cuando quieran y volver a su fondeadero.