En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¿No tiene una flotilla el maharajá?
—SÃ; en la costa.
—¿Naves o chalupas?
—Pequeñas galeazas, que no pueden competir con mi «Bangalore» y que no tienen arboladura —respondió Amali.
—¿No podrÃan embocar el canal y llegar a la laguna?
—SÃ, pero esto exigirÃa tiempo, dos dÃas lo menos. ¿Queréis ir a descansar?
—Ya se me han pasado las ganas. Este perro que continúa ladrando me impedirÃa cerrar los ojos. ¿No os parece que los ladridos se aproximan?
—SÃ, me parece, Juan Baret —respondió Amali, que demostraba hallarse muy preocupado—. Ese perro debe haber llegado ya a la jungla.
—Acabará por dar con nosotros.
—Resistiremos a los hombres que le siguen.
—¿Y si son muchos?
—No lo creo. El maharajá habrá sin duda repartido a sus gentes en numerosos grupos, a fin de hacer más fácil la persecución contra nosotros. Sentémonos y esperemos.
—¡Uf! ¡Esto se pone muy feo! —murmuró Juan Baret, moviendo la cabeza.