En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Resistid un momento, señor; corremos a socorreros. Y Juan Baret se sostenÃa firme, estrechando cada vez más a su adversario para impedirle que se sirviese del cuchillo. Viendo sin embargo que le iba a derribar, le echó la zancadilla, y luego, en el momento en que iba a perder el equilibrio, le clavó la hoja del puñal en la garganta, partiéndole la carótida.
El «Bangalore» llegó a orilla y algunos hombres armados de fusiles corrieron en socorro del francés.
—Es inútil —les dijo—. Todos han, caÃdo muertos, mis caros amigos.
—¿No estáis herido? —preguntó un viejo pescador que parecÃa un cabo.
—Ni un arañazo.
—¿Y el patrón?
—Ha sido preso por el maharajá.
—¡El patrón prisionero! —exclamaron los marineros con terror.
—Señor —dijo el viejo pescador—, ¿cuándo ha caÃdo prisionero?
—Hace tres horas.
—¿Y Durga?
—También ha caÃdo en manos del maharajá como los dos marineros.
—¡Todos están, perdidos! ¡Oh, qué desgracia! ¡Qué desgracia!