En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¿Eres tú quién manda a bordo en ausencia de Amali y de Durga? —preguntó Juan Baret.
—SÃ, señor.
—¿Por qué no habéis venido al pantano?
—No ha sido culpa, mÃa —respondió el viejo, casi llorando—. La marea nos habÃa dejado en seco, y cuando tratábamos de hacernos a la vela, la nave no podÃa moverse. Nadie presumÃa que el agua bajase tanto.
—Vuestro retardo nos ha sido fatal. HabÃamos raptado ya al joven Maduri, y si hubiese llegado la nave estábamos todos salvos.
—¿Y también lo han cogido?
—No; habrá que ir a buscarlo.
—¿Dónde?
—Está oculto en una pagoda que se encuentra en medio de la jungla.
—Señor: ¿no podremos rescatar al patrón? Todos estamos a vuestra disposición y os obedeceremos como si fueseis el rey de los pescadores de perlas.
—¿Estáis prontos a dar vuestra vida por Amali?
—SÃ, todos —respondieron los pescadores a una voz.
—La empresa será difÃcil, pero aún conservo alguna esperanza —dijo Juan Baret como hablando consigo mismo—. Mientras el maharajá no vuelva de repente a Yafnapatam, pues entonces todo quedarÃa perdido.