En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¡No lo diremos ni aunque nos sujeten a los más atroces tormentos! —dijeron a una voz el capitán, Durga y los dos marineros.
—Y ahora esperemos tranquilos a que el maharajá nos mande llamar.
—¿Tienes alguna esperanza? —preguntó el capitán—. Yo por mi parte no abrigo ninguna; he hecho traición y pagaré con mi vida.
—No, amigo: si quiere a Mysora deberá darnos la libertad a todos.
—Para la mÃa se negará.
—Entonces. Mysora permanecerá prisionera.
—Piensa en salvarte tú, Amali; más larde me vengarás.
—O todos libres, o todos muertos —respondió el rey de los pescadores de perlas con acento inflexible.
En aquel momento entraron dos capitanes.
—¿Quién es el cabecilla? —preguntaron.
—Yo —respondió Amali al momento.
—El maharajá te espera para pronunciar tu sentencia.
—Estoy pronto a seguiros.
Los dos capitanes lo registraron para ver si llevaba escondida alguna arma, y enseguida, cogiéndole fuertemente por los brazos, lo sacaron fuera.