En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas El maharajá, como el dÃa que habÃa recibido al francés para darle las gracias por haberle salvado la vida, estaba sentado delante de la tienda sobre un almohadón de terciopelo, rodeado de sus ministros, cortesanos y comandantes.
Apenas hubo lanzado una mirada sobre Amali, se levantó de un salto, palidÃsimo por la emoción, gritando con voz ronca por la ira:
—¡Tú! ¡Tú! ¡Amali!
—SÃ; yo soy, el rey de los pescadores de perlas, el descendiente de los antiguos monarcas de Yafnapatam, el hermano del que asesinaste.
—Peco, ¿es posible? ¿No me engaño?
—¡No! Yo soy Amali.
—¡Amali! —exclamaron los ministros y cortesanos.
El rey de los pescadores de perlas sostenÃa impávido todas aquellas miradas, teniendo los brazos cruzados sobre el pecho en actitud de reto.
El maharajá permaneció silencioso por algunos instantes, con el rostro congestionado, como si una rabia tremenda le hubiese paralizado la lengua.
De repente exclamó, rugiendo:
—¡Miserable! ¿Qué has hecho de mi hermana Mysora?
—Está en mi poder, en lugar seguro —respondió Amali.