En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Encerrada en algún horrible calabozo donde la habrás hecho martirizar.
—No, porque se aloja en los mejores aposentos de mi palacio, y mis hombres la respetan cual si fuera yo mismo. No es mi prisionera, puedo decir, sino mi huésped.
—¿Voluntaria?
—¡Oh, no! Después… podrÃa ser.
—Si fuese tu huésped habrÃa regresado aquÃ.
—Por ahora no le he concedido tanta libertad.
—¡Mientes, pirata de mujeres!
—Te la he raptado para recobrar a mi sobrino.
—¡Ah! ¡SÃ! Maduri… ¿Dónde está ese niño? ¿Dónde lo has ocultado? DÃmelo, o te haré pedazos —rugió el maharajá, furioso.
—¡Cuidado! ¡La vida de Mysora responde de la mÃa!
—¿Te atreverÃas a tanto?
—Yo no, porque me hallo en tus manos, pero sà mis hombres.
—Muy poderosos se creen tus hombres para que mi brazo no llegue hasta ellos, pero te aseguro que se engañan y que dentro de pocos dÃas tu roca será tomada por asalto y destruida.
Asomó a los labios de Amali una sonrisa de ironÃa.