En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —No conoces tú mi isla —dijo—. Ni tú, ni el prÃncipe de Manaar, ni siquiera los ingleses, son capaces de tomarla. Es demasiado sólida y está harto bien armada y guardada para que yo abrigue el menor cuidado.
—¡Ah! ¡El prÃncipe de Manaar, mi aliado! ¿Qué has hecho de él?
—Es mi prisionero.
—¿Vivo aún?
—No acostumbro asesinar a la gente que cae en mi poder. AsÃ, le he salvado dos veces la vida.
—¡Oh! ¡Eres muy generoso! —dijo el maharajá haciendo una mueca de ironÃa—. Dime, ¿dónde está Maduri?
—Está en lugar seguro.
—Me lo entregarás, juntamente con aquel traidor hombre blanco.
Amali le miró con asombro.
—El hombre blanco, el francés, ¿no es tu prisionero?
—Ese perro desapareció después de haber matado a sus guardianes; pero lo encontraré, no lo dudes.
«Si ha huido, no se dejará coger», pensó Amali. «¿Cómo habrá hecho para salvarse de sus guardianes? ¿No será el francés algún espÃritu infernal?».
—¡Habla! ¿Dónde está Maduri? ¡Lo quiero!
—Búscalo.
—Y quiero también a Mysora.