En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Ve a tomarla.
—¿Te burlas de m�
—Contesto a tus preguntas.
—¿Y no tiemblas?
—¿Por qué? —preguntó Amali con voz tranquila.
—Por la muerte que te espera.
—¿Y tú no tiemblas?
—¿Yo? —exclamó el maharajá—. ¿Por qué habrÃa de temblar?
—Por Mysora.
—La libertaré y exterminaré a todos tus bandidos.
—¡Todos! Hay veinte mil prontos a tomar las armas para vengarme. El maharajá rompió en una risotada.
—¡Tú, veinte mil hombres!
—Los verás el dÃa que caigan sobre tu Estado y entren a sangre y fuego en Yafnapatam.
—¡Fanfarronadas! Si crees con eso atemorizarme y alejar de ti la muerte que te espera, te engañas. No soy tan majadero que vaya a creerte.
—Bueno, maharajá. Si en algo tienes la vida de Mysora no nos toques ni un cabello ni a mÃ, ni a Binda, ni a mis hombres. El peligro que corro lo corre también tu hermana, y no quiero que muera la más hermosa doncella de Ceilán, ¿entiendes?
—¿Te disgustarÃa?