En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Durante el dÃa fueron a visitar a Amali algunos capitanes y cortesanos, tratando de inducirle a que les revelara dónde habÃa ocultado a Maduri prometiéndole en cambio la vida salva, pero el rey de los pescadores de perlas se mostró inflexible.
Por otra parte, no tenÃa la menor confianza en la palabra del maharajá.
—Si entregase al niño, no por eso salvarÃa la vida —dijo a sus compañeros—. Y luego, prefiero perderla antes que ver de nuevo a Maduri como rehén, en poder de ese hombre cruel.
A cosa de las siete, en el momento en que el sol descendÃa en el horizonte, entraron en la tienda cuatro capitanes seguidos de veinte guerreros armados de carabinas y lanzas, e hicieron salir a los prisioneros.
El maharajá y su numeroso séquito habÃan abandonado ya el campamento para dirigirse a orillas de la laguna.
—Vamos —dijo Amali con voz triste—. Demostraremos que somos hombres.
Colocáronse en medio de la escolta y partieron con la cabeza erguida, sin dar la menor señal de temor o de flaqueza.
Al cabo de un cuarto de hora llegaban a orillas de la laguna, frente a un islote cubierto por un inmenso cañaveral.