En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¡Mi sombra y la de mi hermano te perseguirán hasta en tus orgÃas tirano!
—Las haré echar por mis esclavos.
—Hizo una seña. Cuatro hombres se apoderaron de Amali y lo condujeron hacia los dos troncos de árbol, que habÃan sido llevados a la orilla y en los cuales se encontraban ya atados Durga, el capitán y los dos pescadores.
—¡Amigos! —dijo Amali emocionado—. Cerrad los ojos y no miréis los cocodrilos. La muerte será pronta y sufriremos poco.
Veinte hombres levantaron los dos troncos y los arrojaron a la laguna con sordo ruido, levantando un montón de espuma.
—¡Adiós, amigos! —gritó Amali viendo emerger a corta distancia quince o veinte cabezas.
Los cocodrilos, al oÃr el ruido, habÃan salido de las profundidades de la laguna, mostrando sus enormes fauces abiertas. AcudÃan desde varios puntos, nadando apresuradamente, dando coletazos, ansiosos de tomar parte en aquel inesperado banquete.
Todos los soldados y esclavos del maharajá se habÃan agolpado en orilla para gozar de aquel cruel espectáculo.