En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas De pronto retumbaron dos cañonazos de espingarda hacía el islote, una descarga de metralla barrió la superficie de la laguna, acribillando a los terribles reptiles; después otras dos sembraron el estrago en la orilla derribando al suelo a muchos guerreros del maharajá.
De pronto apareció una nave a un lado del islote.
Era el «Bangalore», que avanzaba presurosamente, al empuje de diez remos vigorosamente impelidos.
A proa, Juan Baret, rodeado de algunos pescadores, disparaba sin tregua contra los cingaleses, mientras tornaban a tronar las espingardas, ametrallando a diestro y siniestro.
Aquel asalto resultó tan inesperado, que los hombres del maharajá no pensaron siquiera en hacer uso de las armas. Huían a todo correr, en todas direcciones, aullando e imprecando.
Sólo los capitanes, los cortesanos y los ministros se habían colocado delante del maharajá para escudarle con sus cuerpos.
El «Bangalore», que había puesto ya en fuga a los cocodrilos con su dos primeros disparos de espingarda, llegaba como un rayo junto a los dos troncos de árbol, que flotaban a veinte metros de la playa.
Dos hombres saltaron al agua, cortaron las cuerdas de los presos, y volvieron a bordo, mientras proseguían incesante el fuego, haciendo estragos entre los fugitivos.