En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Amali, de un salto, se encontró a bordo de su nave, en brazos de Juan Baret.
—¡Gracias, amigo! —gritó—. ¡Os esperaba!
—¡Huyamos! —respondió el francés—. Veo que los cingaleses se reúnen.
—¡A las velas! —gritó Durga.
El «Bangalore», que tenÃa viento favorable, viró en redondo y huyó saludando a los cingaleses, que corrÃan finalmente al rescate, con una última descarga.
—¡Ya cenarán otro dÃa los cocodrilos! —aulló Durga—. ¡Asà pudieran comerse la cabeza del maharajá!
Los cingaleses hicieron fuego sin orden ni concierto, gritando ferozmente y amenazando sin ningún resultado satisfactorio.
El «Bangalore», que avanzaba velozmente, pasó por detrás del islote desapareció en el Este, en dirección al canal que comunicaba con el mar.
—Como veis, Amali, ha sido una cosa sencillÃsima —dijo Juan Baret—. Un poco de pólvora, un poco de hierro, y hemos dejado al maharajá con un palmo de narices.