En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas UN cuarto de hora más tarde, cuando ya el «Bangalore» navegaba por en medio de la laguna, muy lejos de la orilla ocupada por los cingaleses, Amali, Juan. Baret y el capitán se hallaban reunidos en, la cámara de popa. El francés, en pocas palabras, refirió a sus amigos las dramáticas peripecias de su afortunada fuga y el inesperado encuentro de la nave, de la cual habÃa obtenido tan valiosa ayuda en el momento en, que iban a darle alcance los cuatro porteadores del bayarte.
—Hay, sin embargo, una cosa que no he comprendido —dijo Amali, mientras tomaban algunas copas de arrak—. ¿Cómo habéis sabido que debÃamos ser devorados por los cocodrilos?
—Lo supe por dos de vuestros hombres que envÃe al campamento del maharajá; debéis de haber visto a uno, porque le estuvisteis mirando mucho tiempo.
—Es verdad.
—Estos dos valientes, confundidos entre la muchedumbre, asistieron vuestro interrogatorio y también a la sentencia pronunciada por aquel prÃncipe cruel. Advertido de repente, crucé el lago aprovechando una brisa, favorable, y oculté la nave detrás de aquel islote. Estaba casi seguro de que el suplicio se efectuarÃa cerca de aquella playa, y como veis, no me engañé. Unos disparos de espingarda contra los cocodrilos, otros contra a gente del maharajá, y la cosa quedó lista.
