En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Si queréis que os diga la verdad, no dudábamos de que de un momento a otro os reunirÃais con nosotros.
—¿Cómo querÃais que os abandonase? ¡Oh! ¡Jamás! Aunque hubiese tenido que empeñar una lucha desesperada. Juan Baret no abandona a sus amigos en peligro sin intentar a lo menos salvarlos.
—Gracias en nombre de todos nosotros; os debemos la libertad y la vida.
—¡Bah! Lo que he hecho es muy poca cosa. No vale la pena de darme las gracias. ¿Y ese feroz maharajá, con tal de veros muerto, sacrificaba a su hermana?
—Y sin sentir el menor remordimiento —dijo Amali.
—Ese hombre tiene un corazón de piedra.
—Más vale asÃ, Juan Baret, porque cuando Mysora sepa el aprecio que de ella hace su hermano, le odiará o por lo menos no procurará salvarlo.
—¿Cuándo veremos a esa joven? Soy muy curioso, mi querido Amali.
—Si no encontramos ningún obstáculo, dentro de seis horas llegaremos a mi isla.
—¡Si no encontramos obstáculos! ¿Qué teméis?
—Encontrar la flota del maharajá unida a la del prÃncipe de Manaar. Están aliados.
—¿Para proceder contra vos?