En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Quieren intentar apoderarse de mi roca.
—¿Tenéis gente suficiente para defenderla?
—Ciento cincuenta hombres y doce espingardas. Además las playas son inaccesibles —dijo Amali—. No hay más que una caverna que permite subir y está llena de tiburones que no reconocen más que a mis hombres. Que prueben a asaltar mi cueva, si se atreven.
—Y ahora, ¿qué haréis? Mysora es vuestra prisionera, el niño está en nuestro poder y ya no existe ningún obstáculo para declarar la guerra ¿Están prontos vuestros pescadores de perlas?
—Sólo esperan, una orden mÃa para abandonar los bancos y empuñar las armas.
—Puesto que las cosas se hallan en este punto, podemos obrar.
—SÃ, cuando hayamos llegado a mi roca enviaré emisarios a los bancos a fin de que adviertan a los jefes de los pescadores.
—¿De cuántos hombres puede disponer el maharajá? —preguntó Juan Baret.
—Todo lo más podrá poner sobre las armas a cinco o seis mil guerreros.
—¿Y vos?
—De quince a veinte mil.
—Victoria segura. El maharajá pagará cara su crueldad.