En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —SĂ; le destronaremos —dijo, brillando un relámpago en sus ojos.
El «Bangalore» habĂa cruzado ya la laguna y estaba para entrar al canalizo.
Amali, advertido, habĂa subido a cubierta, queriendo asegurarse de si se veĂan enemigos.
—Sabed —dijo a Juan Baret— que no me fĂo. El maharajá puede haber destacado parte de su flotilla para capturar mi nave.
—¿Sabe que poséis el «Bangalore»?
—SĂ, y tambiĂ©n lo conoce perfectamente, por haber hecho muchas correrĂas por sus playas.
—En este caso, le urgirá capturarlo.
—Lo ha intentado varias veces —dijo Amali—. No posee, sin embargo, ninguna galeaza que pueda competir con mi barco, que es el más veloz que existe en el estrecho de Ceilán y también el mejor armado.
AnochecĂa rápidamente cuando el «Bangalore», conducido por Amali, comenzĂł a internarse en el canal.
Juan Baret y Durga, a proa, miraban hacia poniente para ver si descubrĂan las chalupas de los salvajes que les habĂan atacado dos dĂas antes o la flotilla del maharajá.
Los árboles que cubrĂan, las dos orillas, casi todos inmensos, proyectaban una sombra tan profunda que hubiera sido menester tener ojos de gato para distinguir algo.