En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas TAN numerosa era la flota reunida por los pescadores de perlas que sorprendió al mismo Amali, el cual no creía contar con tantos partidarios, diseminados en los bancos de Manaar.
Componíase de mil doscientas barcas de más o menos porte, montadas por dieciséis mil pescadores, en parte cingaleses o indios del Maharajá y del Coromandel, magníficamente armados y bien organizados.
Ya la noticia de que su rey estaba a punto de declarar la guerra al feroz maharajá de Yafnapatam para reconquistar el trono de sus abuelos, se había esparcido entre ellos, y se habían apresurado a armarse para estar prontos a la menor señal.
Al oír tronar las espingardas en el arrecife se imaginaron que el maharajá había intentado un golpe de mano contra el temido rival y habían abandonado sin más ni más los bancos, para volar en defensa de su señor y de su roca.
Como hemos visto, habían llegado en buena ocasión, cuando ya los cingaleses de Yafnapatam habían podido sentar el pie en la roca, hasta entonces inaccesible, amenazando con subir hasta arriba y aplastar con su número el de sus pocos defensores.
