En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Amali habĂa enviado a Durga a la caverna, despuĂ©s de haber hecho armar una de las chalupas que tenĂa de reserva en el corredor, para invitar a los principales jefes de los pescadores a subir, para darles a conocer sus proyectos, y habĂa ordenado sepultar los numerosos cadáveres que yacĂan en el arrecife.
Un cuarto de hora despuĂ©s, recibĂa en el gran salĂłn del piso principal de su palacio a los más influyentes jefes de los pescadores, hombres de valor a toda prueba, y que, antes que los otros, habĂan abrazado su partido.
—Amigos —dijo Amali—; os agradezco ante todo vuestro inesperado auxilio, que me ha permitido rechazar la invasiĂłn, cuando ya la pĂ©rdida de mi roca parecĂa casi segura.
—No hemos hecho más que cumplir con nuestro deber —contestĂł el más viejo de los jefes—. Apenas oĂmos el cañoneo partimos sin dilaciĂłn, sin exceptuar a nadie, para defender a nuestro rey. Os pido ahora en nombre de mis compañeros, que obrĂ©is sin pĂ©rdida de tiempo y aprovechemos la derrota de la escuadra para realizar nuestros proyectos.
—Es lo que haremos —declaró Amali—. Ya ahora no hay ningún obstáculo que nos impida declarar la guerra al maharajá, porque Maduri está en mis manos.
—Lo supimos por algunos cingaleses del maharajá. ¿Cuándo partimos?