En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas El «Bangalore», impulsado por las olas y por el viento, se acercaba; a la costa, guiándose por el faro para embocar en el puerto.
Amali, que conocÃa aquella playa por haberla visitado muchas veces guiaba la nave con mano segura.
Antes de entrar en la bahÃa hizo dar dos bordadas al «Bangalore» para evitar ciertos bancos que se prolongaban delante de la costa, y luego, no obstante el Ãmpetu tremendo de las olas movióse hacia el faro, dando la vuelta a una pequeña penÃnsula rocosa contra la cual se estrellaban las olas.
—¡Echad las anclas y recoged las velas! —mandó.
Detrás de aquel reparo reinaba cierta calma porque las olas no podÃan llegar hasta allÃ. Fueron echadas las anclas y retiradas las velas sobre cubierta en menos de medio minuto.
Amali se dirigió a proa para mirar el pueblo, compuesto por algunos grupos de cabañas y de tiendas.
—Todos duermen —dijo a Juan Baret—. No se ve ninguna luz.
—¿Desembarcamos enseguida? —preguntó el francés.
—Aprovechemos la oscuridad y la tormenta para atravesar el pueblo sin despertar alarmas.