En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —De noche se dispara mal, Juan Baret, y además, se me ocurre una idea.
—¿Cuál?
—Abrir una brecha con una buena mina. He hecho traer por hombres cuarenta libras de pólvora inglesa.
—¡Pero si yo entiendo mucho en minas! —dijo el francés—. Yo seré quien las prepare.
—Veamos antes si habrá necesidad —respondió Amali—. Tal vez cingaleses capitulen sin resistencia.
—¿Serán cingaleses? Han resistido mucho.
—No: deben ser candianos.
—Entonces es otra cosa, y será necesaria la mina.
Entretanto los pescadores de perlas, precedidos siempre por el guÃa avanzaban a través del bosque, llevando la llave de las carabinas encendida bajo la faja para que no se humedeciesen los pistones.
Aquellos hombres, tan impetuoso en el ataque, avanzaban con prudencia temiendo una nueva sorpresa en la oscuridad de la noche.
Descubierto un, sendero que supusieron conducÃa al fuerte, se adentraron por él, marchando de dos en dos, entre dos murallas de verde que no permitÃan desviarse.