En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas No se habían engañado en sus previsiones, porque al cabo de oí milla se encontraron casi de manos a boca delante de un recinto formado por troncos de teck y rodeado de un profundo foso lleno de plantas espinosas, obstáculo casi insuperable para los pies desnudos de los isleños.
Levantábase sobre una explanada, y en ella, sobre una especie de terraplén, de manera que podía dominar todo el bosque que le rodeaba Además, en el interior se veían algunas construcciones, cabañas o chozas unas al lado de otras.
—El fuerte es más sólido de lo que yo suponía —dijo Juan Baret, que lo había visto todo, a la luz de un relámpago—. Trabajo nos va costar derribar esos troncos tan duros que resisten aún a los cañonazos.
—Sí; es sólido y está bien situado —añadió Amali—: ¿Habéis visto centinelas en los adarves?
—Dos hombres armados de lanzas y una espingarda. ¿Queréis tomarlo por asalto? Vuestros hombres no lograrán pasar el foso sin herirse cruelmente los pies.
—Y sin embargo, tenemos que tomarlo antes de que lleguen refuerzos de Yafnapatam.
—Si esa es vuestra opinión, querido Amali, estoy pronto a dar el asalto. Voy bien calzado.