En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Aquel dÃa, la desdichada hueste de Amali se alimentó con un poco de harina de sagú encontrada dentro de una olla y amasada con agua apenas dos bocados por cabeza. Cinco panes encontrados en una cabaña fueron, reservados para Maduri, aun cuando este los hubiese rehusado resueltamente.
Por la noche fueron colocados numerosos centinelas en la mural temiéndose una sorpresa por parte de los sitiadores; estos, a su vez mantenÃan en la mayor calma, y apenas dispararon alguno que otro tiro.
—Creen que nos podrán coger sin perder un solo hombre —de Juan Baret a Amali—. ¡El hambre será suficiente!
—No nos rendiremos nunca —contestaba Amali con resolución—. Prefiero pegar fuego al fuerte y caer envuelto entre las ruinas.
—Es un fin muy feo, que no anhelo. ¡No soy en modo alguno una salamandra!
—Intentaremos una salida.
—¡Abrirse paso entre mil hombres! Son demasiados para nosotros.
—¿Qué hacer, pues?
—Aguardar.
—¿Y el hambre?