En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Comeremos las hojas de plátano que cubren los techos de las cabañas, si no tenemos otra cosa que llevar a la boca. ¿Eh? ¿Qué mameluco es ese que avanza? ¡Córcholis! ¡Nos envÃan un parlamentario!
Un cingalés, que llevaba en la cabeza un penacho de plumas de pavo real, salió del bosque, ondeando en la punta de su lanza una faja de blanca.
—Vienen a intimarnos la rendición —dijo Juan Baret.
—Pierden el tiempo —respondió Amali.
—Sin embargo, recibámosle —propuso el francés—. Oiremos las condiciones.
El cingalés, agitando siempre su faja blanca por temor a recibir algún tiro, por no serle reconocida su condición de parlamentario, se detuvo al borde del foso, en espera de que le echasen algún puente.
Amali hizo bajar un madero de que se servÃa antes la guarnición y le hizo seña de que se aproximase.
—¿Qué deseas y quién te envÃa? —preguntó el rey de los pescadores de perlas cuando lo tuvo delante.
—Vengo en nombre del jefe de la partida a intimaros la rendición —dijo el cingalés.
—¿Y por qué quieres que nos rindamos?
—Porque somos diez veces más que vosotros.
—¿Quién te lo ha dicho?