En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¿Es el jefe de esos bandidos? —preguntó Juan Baret.
—Es su general —respondió Durga estremeciéndose.
—¡Vaya una cara de mono viejo! Veamos qué desea.
Detúvose ante el francés mirándole con curiosidad, y en seguida le preguntó:
—¿Eres tú el hombre blanco que un dÃa salvó la vida al maharajá?
—Yo soy.
—¿Y que después libraste al rey de los pescadores de los dientes de los cocodrilos? —Yo fui.
—Has hecho mal en dejarte prender.
—No siempre se puede ser afortunado.
—¡Lástima! Porque eres un valiente al que admiraba todo el pueblo de Yafnapatam.
—Esto no me salvará del odio del maharajá.
—¡Harto lo sé!
—Si te pesa, déjame huir.
—No podrÃa; pagarÃa con mi cabeza tu huida.
—Entonces envÃame a Yafnapatam.
—Es lo que haré, aunque con mucho sentimiento.
—¿Se ha salvado Amali?
—Ha huido con el primer grupo.
—¿Y el segundo?
—Le hemos dado alcance y destruido.