En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —Aquà estamos nosotros para defenderos, y luego, nadie habrá advertido vuestra desaparición. Adelante, alteza, no son estos momentos para vacilar.
Él maharajá, que habÃa comenzado a temblar, se decidió por fin a salir del templo.
Las calles estaban inundadas de gente y ardÃan las casas, mientras en lo alto se oÃan silbar las balas.
Los rebeldes estaban rechazando una columna de candianos que habÃa intentado abrirse paso para salir de la ciudad.
El primer ministro dejó salir a todos, después cerró bruscamente la puerta detrás de los fugitivos y retrocedió por el corredor secreto diciendo:
—Mientras tú huyes, voy a apoderarme de tus riquezas; ya ahora ha acabado tu poder.