En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¡La escuadra! —exclamó el francés, puesto sobre aviso con aquellas palabras—. ¿Dónde piensa dirigirse? El ministro vaciló en contestar:
—Habla, o te mando arrojar por la ventana y te hago estrellar el cráneo contra las piedras de la plaza.
—Ha dicho que querÃa herir a Amali en el corazón.
—No te comprendo.
—Ha hablado de Mysora.
Esta vez fue Juan Baret quien palideció.
—¡Miserable! —exclamó—. ¡Quiere asaltar la roca de Amali aprovechando la ausencia de los pescadores de perlas! ¡Durga! ¡Durga!
—¡Señor! —respondió el segundo de Amali.
—Has de ensillar veinte caballos de los más veloces y escoge una escolta de hombres a toda prueba.
—¿Vais a partir?
—Sin perder un instante. Se trata de salvar a Mysora, ¿comprendes? Si cayese en manos del maharajá quedarÃa perdida por siempre para Amali, y aun tal vez serÃa asesinada.
—¿Debemos seguir al maharajá?
—Le alcanzaremos antes de que se embarque.
Durga se habÃa precipitado ya por la escalera como un huracán, corriendo hacia las caballerizas reales.
Juan Baret se volvió hacia el hermano de Binda.