En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —No se habrá movido aún de la aldea —dijo Juan Baret—. Le encontraremos ocupado en organizar a sus pescadores. Trataremos de ganar camino y no pensemos en otra cosa, por ahora. ¿Cuándo llegaremos a Abaltor?
—Si los caballos conservan este galope, antes de tres horas sabremos si…
—¿Qué querÃas decir?
—Si está libre el camino.
—¿Qué tropas quieres hallar?
—Las que han sitiado el fuerte, señor.
—Habrán huido antes los pescadores. ¡Mil contra catorce o quince mil! Ni siquiera habrán resistido cinco minutos.
—¿Qué dirá Amali cuando sepa que Maduri es ya maharajá de Yafnapatam?
—Será una sorpresa colosal —dijo Juan Baret—. Nos creerá muertos, mientras volvemos triunfantes y más vivos que nunca. ¡Espolea, Durga! Estoy impaciente por darle la buena noticia.
Los veinte caballos, continuamente excitados, devoraban, el espacio; galopando por en medio de las selvas que se extendÃan entre la capital y la costa.
El camino que seguÃan era bueno y bastante ancho para dar paso a cuatro jinetes de frente.