En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Por tres veces Amali y Juan Baret habían tratado de romper las líneas enemigas y otras tantas habían sido rechazados con gravísimas pérdidas.
—¡Tirad con las espingardas a bulto! —gritó Juan Baret.
Durga hizo dar vuelta a una espingarda, la cargó de metralla y habiendo hecho avanzar el «Bangalore» de manera que no diese contra sus compañeros, adelantó la nave hasta casi el lado de estribor de la galera e hizo fuego a boca de jarro.
Aquel cañoneo que derribó a más de quince hombres, fue fatal para los cingaleses. Desesperando ya desde entonces de vencer y viendo a las otras barcas acudir en auxilio del «Bangalore», arrojaron las armas, cayendo de rodillas e implorando merced.
Sólo el maharajá, pálido, con el rostro convulso, había permanecido en pie, mirando a Amali y a Baret con ojos crueles.
El rey de los pescadores de perlas se abrió paso entre los cingaleses y poniendo su mano sobre el hombro del maharajá, le dijo:
—¡Eres mi prisionero!
—Mátame, ya que me has vencido y destronado —respondió el otro con voz sorda.
—Yo no mato al que mañana será mi cuñado.
—¡Yo pariente tuyo!
—Mysora será mí mujer.