En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —¡Miserable mujerzuela!
—Debes estar reconocido. Ha consentido en casarse con el rey de los pescadores de perlas a condición de que salvase la vida a su hermano.
El maharajá bajó la cabeza.
—¿Qué vais a hacer conmigo? —preguntó, al cabo de algunos momentos de silencio.
—Te daré un pequeño principado que gobernar, el de Serán.
—¿Y no vengarás la muerte de tu hermano?
—Te he perdonado.
—Eres generoso mientras yo siempre he sido malo —murmuró el maharajá—. La lección ha sido dura, pero la tenía merecida.
—¿Consientes en ser mi cuñado?
—Mi hermana es tuya —respondió el destronado príncipe—; te la has ganado y nadie es más digno de ella que tú.