En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Erguido en la cima más alta del escollo, miraba hacia el poniente, siguiendo los movimientos desordenados de los puntos negros que indicaban las chalupas de los pescadores.
Esperaba que alguno de aquellos puntos negros se destacase de los demás y se dirigiese hacia levante.
—¿La ves? —preguntó un momento después a Durga, con expresión radiante—. ¿La ves cómo avanza?
—SÃ, patrón; la barca de la bella Mysora se ha separado del grueso de las chalupas y hace rumbo a Ceilán.
—El maharajá la aguardará en vano esta noche.
Nuestros hombres están prontos a abordarla y les veo ya empuñar las armas. Están impacientes por medirse con los cingaleses del maharajá y vengar el miserable fin de tu hermano. Son veinte, pero no se arredran para desafiar a ciento.
—¡Ah!
—¿Qué sucede, patrón?
Delineóse un profundo fruncimiento en la frente del rey de los pescadores de perlas.
—Veo otro punto negro que sigue la barca de Mysora.
—¿Será la chalupa del prÃncipe de Manaar?
—Debe ser la suya, Durga.
—¡Veinte contra treinta y seis! La partida aumenta.